Marte, mismo telescopio, mismo observador, 15 años después

La tarde del 31 de Agosto de 2018 me dirigí al Observatorio Astronómico de La Cambra para observar Saturno, venus, Marte y Júpiter además de objetos de cielo profundo como M31, NGC457 o M13.

Días antes estuve preparando en el taller de telescopios del Observatorio La Cambra un refractor de 60mm de diámetro y 900mm de focal, f/15 sobre montura ecuatorial EQ3 para poder observa por él, para recordar quizá la visión que por este instrumento tenía de algunos objetos de cielo profundo y del planeta Marte Este fue el instrumento con el que empecé a conocer el cielo nocturno hace 15 años, en un lejano 2003. Además de para recordar tiempos que se remontan a mi adolescencia, he querido realizar esta prueba para mostraros que no hace falta un telescopio grande ni un gran desembolso para disfrutar de la astronomía y de todo lo que el cielo nocturno tiene que ofrecernos si somos perseverantes.

Con el telescopio montado, y puesto en estación me tomé un café a pie de telescopio contemplando el atardecer, todo un bálsamo de tranquilidad que nos lleva a reflexionar sobre el Universo y sobre el lugar que la propia Humanidad ocupamos en él.

Sobre las 20,40 hora local, advertí la presencia de Venus en el cielo, y no dejé pasar la portunidad de apuntar con el telescopio hacia el planeta, ya bajo en el horizonte. Con un ocular de 17 mm, que me proporcionaba unos 53 aumentos la fase de Venus se hacía más que evidente, y antes de que bajara más hacia el horizonte oeste, decidí  ponerle un 10mm, que me proporcionaba 90 aumentos con un filtro azul Nº 80 A.  La fase se hacía más evidente y en el terminador me parecía percibir un ligero “abultamiento” en su parte ecuatorial, un pequeño escalado  entre la parte oscura y la parte iluminada del planeta,  pero dejándome poco más o menos claro, que era un detalle de su atmósfera.

La tarde-noche empezó a volverse muy húmeda y el telescopio empezaba  a “sudar” pero sin presentar la lente signos de condensación. Sobre las 20,55 horas,  apunté a Marte que ya brillaba hacia el Sur. Con 53 aumentos se apreciaba el casquete polar y alguno de los continentes oscuros del planeta.  El pasado 27 de Julio Marte llegó a su oposición, la más favorable desde el año 2003. Aquella lejana oposición del 2003, fue una de las más espectacular y óptimas de la historia y fue la primera que observé con mi primer telescopio un refractor 60 mm. de diámetro y 700mm de focal. Desafortunadamente este 2018 la oposición de Marte ha venido acompañada de una tormenta de polvo a escala planetaria que ha ocultado todos sus detalles por casi dos meses.  Afortunadamente en las últimas 2 o 3 semanas la tormenta está dispersándose y empezamos a ver detalles de la superficie del planeta. Recordando observaciones de días anteriores percibí que el diámetro aparente del planeta está disminuyendo de sensible a moderadamente.

A las 21 horas empecé a intercalar varios filtros con el ocular de 10mm, con los 90 aumentos resultantes para poder contrastar mejor los detalles de la superficie. Tras varios intentos me quedé con el amarillo Nº15 que contrastaba bastante bien el casquete polar y el verde Nº56 que recalcaba  con mayor nitidez las zonas oscuras. Aunque mi habilidad “artística” no está muy desarrollada fui capaz de hacer un pequeño bosquejo. Comparando el dibujo con los mapas del libro que siempre me acompaña en mis observaciones desde que empecé hace 15 años, “Observar el cielo II” identifiqué  la zona concreta de la superficie marciana, Mare Acidalium.

Hacia las 21,20 horas el cielo se empezó a cubrir de nubes bajas y la lente daba signos de condensación por la alta humedad. Esperé hasta bien entradas las 22,15h tomando un café a pie de telescopio, pero no daba visos de despejar.

La noche siguiente pude observar con el refractor de 60 mm algunos de los objetos de cielo profundo que tenía pensados observar. El globular de Hércules M13, el abierto de Cassiopea NGC457 conocido también como cúmulo de ET, la nebulosa de la Laguna M8, la nebulosa planetaria anular de Lyra M57 o algunas estrellas dobles como Albireo o Mizar.

El propósito de esta “prueba” es el de animar a todos aquellos que empezáis. No se necesitan grandes equipos y grandes inversiones para empezar a observar y descubrir el Universo, un pequeño refractor de 60mm de diámetro puede hacer maravillas desde cielos oscuros, si tenemos la suficiente paciencia para sacarle todo el rendimiento.

 

¡Un Saludo Astronómico!

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